viernes, 21 de enero de 2011

CARRILLO MIENTE. 156 DOCUMENTOS CONTRA 103 FALSEDADES

"El 7 de noviembre de 1936 (...) un joven y ya prestigioso abogado(...) de 39 años, Ricardo de la Cierva Codorniu (...) con otros cientos de compañeros (...) y se encaminaba a culatazos hacia una enorme fosa previamente cavada (...) Iban con las manos atadas a la espalda por un bramante que les hacía sangrar (...)
Empezaron a caer acribillados por los fusiles y armas automáticas de los milicianos (...) Capturado en Barajas por la delación de un colaborador (...) Trataba de huir a Francia para encontrarse con su mujer y sus seis hijos pequeños; la menor aún no había nacido (...) Un testigo recuerda su desesperación por el incierto destino de su familia. Tuvo que llegar a la fosa de Paracuellos con la muerte en el alma".



Así inicia el libro "Carrillo miente", escrito por D. Ricardo de la Cierva, Catedrático de Historia,  hijo del asesinado en Paracuellos siendo Santiago Carrillo el responsable de los macabros 33 traslados de presos, conocidos como sacas, llevadas a cabo del 7 de noviembre al 4 de diciembre de 1936. El 10 de noviembre el general Miaja le dijo a Carrillo que finalizaran los "paseos", pero aún así continuaron. Carrillo dimitió el 24 de diciembre.
En este libro se aportan 156 documentos contra 103 falsedades escritas por este anciano comunista que todavía insulta, ofende la memoria de sus víctimas e intenta pasar a la historia lavándose las manos de la barbarie de Paracuellos. Difícil lo tiene.

"Hay que fusilar en Madrid a más de cien mil fascistas camuflados, unos en la retaguardia, otros en las cárceles (...) Hay que darles el tiro de gracia (...)".  Fascistas, según los victimarios, como el Sr. de la Cierva. Hay lápidas escalofriantes de padres con sus hijos menores, sacerdotes, militares, civiles, niños... hasta 8.000 se calcula el holocausto de Paracuellos. Horrible.




A pesar del testimonio de Semprún, antiguo camarada suyo, sobre su  vida política y estos mismos sucesos, Vd. insiste en negarlo; ahora resulta que fueron unos incontrolados los que asesinaron a 8.000 inocentes sin previo juicio, como era costumbre,  y además, tenían la fosa preparada.

Podrán ponerle una toga o nombrarle hijo predilecto de una ciudad, para deshonra de España,  pero un estalinista como Vd. es imposible que se vaya de este mundo ocultando las atrocidades cometidas.




No intente marear más la perdiz, retírese a descansar en paz. Es en definitiva a lo que aspira la inmensa mayoría de los españoles: vivir en libertad y en paz. Sobran rancias costumbres que todavía, como en Venezuela, provocan y fomentan la lucha de clases.





5 comentarios:

  1. Carrillo es un genocida que tiene sobre su conciencia - si es que la tiene, que lo dudo... -, los crímenes de más de 5.000 víctimas inocentes, entre ellas mujeres,niños,monjas y sacerdotes.

    Conforme a la jurisprudencia establecida en los juicios de Nuremberg, para juzgar a los genocidas y los crímenes contra la humanidad, Carrillo, debería haber acabado sus días, en justicia, colgando de una soga.

    Sin embargo para los progres recuperadores de “su” memoria histórica, mientras las victimas, por ejemplo, de la dictadura argentina merecen, en justicia, que los tribunales actúen contra sus verdugos, sea cual sea el país en que se les localicé, las victimas españolas del totalitarismo marxista, no sólo no merecen un recuerdo, sino que además han de ser insultadas y ultrajadas, haciendo pasar a su más señalado verdugo por un político demócrata.

    El genocidio parece que fue autorizado por el Ministro de Justicia, al anarquista García Oliver, y el Ministro de Gobernación Angel Galarza, sin embargo, indubitadamente, fue la Junta de Defensa de Madrid, que asumió el mando en la capital tas la evacuación del gobierno de la República, quien ejecutó materialmente el exterminio. La Consejería de Orden Público, directamente responsable, y bajo cuyo mando operaban las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia que perpetraron el genocidio, era ocupada por Santiago Carrillo, antiguo militante de las Juventudes Socialistas que se había incorporado al PCE. Los presos fueron trasladados en autobuses municipales hasta Paracuellos, donde las fosas comunes, ya preparadas con antelación, esperaban a los infelices, allí fueron tiroteados o ametrallados y sepultados. Hay que añadir los muertos en otras muchas “sacas”, además de La Modelo, Aravaca, Porlier, San Antón …

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  2. Sí Natalia.
    La familia de la Cierva sabía quién fue el delator y a su hijo nunca se lo dijeron. A diferencia de esta forma de proceder piadosa o apaciguadora -no sé cómo definirla- de las víctimas, está la actitud rencorosa y chulesca de
    los victimarios.
    Lo inexplicable es que encima premien al verdugo y retiren nombres en Barcelona como Calvo Sotelo, por ejemplo. Es inaudito.

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  3. Querido Urdanautorum, lo que cuentas es escalofriante . similar a lo que pasó en Argentina durante la Dictadura Mlitar.
    Esos energúmenos no merecn el perdón de Dios ni de los humanos que fueron testigos de semejante felonía.
    Yo me entero ahora y me espanta saberlo.
    Con afecto, Juliana

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  4. Aunque ya conocida por mí toda la barbarie que llevó a cabo en nuestra guerra civil este individuo que algunos tratan ahora de ensalzar e incluso, -como tú muy bien reflejas al presentarlo con la toga- de investirlo honoris causa, se me ha puesto la piel de gallina al ir leyendo tu entrada y observando lo bien que cuentas la verdadera historia.
    Habrá que ir pensando en otro vinito, a ser posible de Jerez, acompañado de unas tapitas de ibérico, para olvidarse de toda esta barbarie.
    Un abrazo.

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  5. Es lamentable y burlesco que CARRILLO se haya salido con la suya. Es un insulto a la democracia, a la decencia, a la conciencia humana y a la libertad.
    Este sujeto que tanto se quejaba de Stalín y de Bresniev ha sido y será otro de la misma banda con los mismos metodos.
    Me produce repugnancia ver esa fotografía de Carrillo investido de Doctor universitario, que insulto más grande se le hace a la institución universiaria, que desprestigio tan grotesco; con ese nombramiento se mancha de sangre al templo de la inteligencia.

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