lunes, 14 de septiembre de 2009

LA MAS ALTA OCASION QUE VIERON LOS SIGLOS


Terly esta semana nos ha confortado con la publicación de la hermosa poesía " Al Cristo del Perdón", de Doña Eladia Montesino-Espartero,  con motivo de la festividad de La Exaltación de la Santa Cruz.
Me ha hecho pensar en el Cristo de Lepanto que se venera en la catedral de Barcelona. Siendo niño, mi padre me explicó el milagro, para otros leyenda, me da igual, de que está torcido al evitar  una bala de los enemigos de la cristiandad. Me emocionaba observándolo mientras le escuchaba, ¡ era el auténtico que llevada la  Real de Juan de Austria en la batalla de Lepanto!, la más grande de las batallas en alta mar, la que frenó al Imperio Otomano. Me adornaba las explicaciones con acciones épicas, ¡con Cervantes, el manco de Lepanto!, que embarcado en La Marquesa  le inutilizaron el brazo (el izquierdo, a Dios gracias,  pensé). Me sentía orgulloso, importante.

 
La batalla de Lepanto se consiguió gracias a la Liga Santa, que formaron los reinos cristianos de la época, a excepción de Portugal, Austria y Francia (Francia se alió con los turcos). Fue una encarnizada batalla naval, de vital importancia para la cristiandad junto con la conquista años antes de Granada.
Juan de Austria, almirante de la armada, con el catalán Luis de Recasens, mentor suyo,  partió desde Barcelona con Alvaro de Bazán.  Joan de Cardona, otro catalán,  mandó una escuadra estratégica de socorro.
Fue enormemente cruel. La Real de Juan de Austria hincó su espolón en La Sultana de Alí Baja. Uniéndose otras naos de ambos bandos se abordaron entablándose una pelea cuerpo a cuerpo que finalizó después de hora y media, al conseguir,  el capitán Andrés Becerra de los Tercios,  arriar el estandarte otomano. Ali Baja, el almirante turco, defendiéndose con bravura, sucumbió después de recibir siete disparos de arcabuz.
Los galeotes españoles, presos remeros que vivian esclavizados en las galeras turcas  ("la vida en la galera déla Dios a quien la quiera"), se rebelaron y fueron de gran ayuda para conseguir la victoria, siendo  uno de ellos quien decapitó a Alí Baja.



Esta gran azaña, inicio del fin de la piratería que tanto había asolado a nuestro Mediterráneo, se consiguió gracias a la unidad de la cristiandad, básicamente de España. Felipe II desatendió otros intereses en ultramar para acabar, además de la expansión otomana, con los corsarios que tanto daño´y abusos cometían en nuestras costas.
La desunión de los españoles, acompañada por la debilidad e ineptitud de determinados monarcas, y los abusos de los cortesanos de turno siempre nos ha llevado al caos; las luchas intestinas, las envidias, nos han arruinado. Desde la invasión de los árabes hasta nuestra guerra civil no han cesado nuestras tremendas crisis, los dramas y enorme sufrimiento de los ciudadanos.  Durante un período post-constitucional parecía que ese fantasma había desaparecido, hasta que al Sr. Rodríguez Zapatero se le ocurrió, jugando, jugando, desconociendo por dónde pisaba, abrir la caja de Pandora.
Es tremendamente alarmante lo que está sucediendo: Jordi Pujol, respetuoso, admirador y gran amigo de SM, acaba de decir que "el Tribunal Constitucional no merece respeto";  Héctor "López" Bofill,  profesor de la universidad Pompeu Fabra,  reivindica la creación de un ejército catalán para justificar la independencia de Cataluña y Laporta presidente del Barça encabeza una manifestación independentista.
Si en su día si a Jordi Pujol, en lugar de nombrarle "español del año" (manda huevos), hubieran denunciado sus extravagancias nacionalistas, abusos a través de sus delfines o llegar a fondo con el asunto de la Banca Catalana, entre otras; si a Laporta le hubieran procesado, sí procesado,  por obligar a  un equipo infantil a que se retirara de la pista para no escuchar el himno nacional español, que sonaba por ellos, o censurar que retiró la bandera española de la Masía (sede social del club), no habríamos llegado al extremo de realizar un referendum contra España.
Aun estamos a tiempo, pero dudo que a este imprudente profesor, al insensato Pujol y el temerario Laporta, representantes de tanto cretino,  les llamen al órden.